LA VIDA REVERENTE

17/2/2014

 

LA VIDA REVERENTE

UNA APROXIMACIÓN A LOS

CAMINOS DEL REINO VEGETAL

 

 

 

 

“Nuestro objetivo no es elaborar teorías,

sino intervenir realmente en la evolución”

                                               Rudolf Steiner

 

 

 

 

 

 

 

 

 

PRÓLOGO

 

En 1854, un presidente occidental, recibió la siguiente carta de un jefe aborigen:

 

“¿Cómo es que se puede comprar o vender el cielo, y el calor de la tierra?

Esa idea nos parece extraña. Si no poseemos el frescor del aire o el brillo del agua, ¿Cómo es posible comprarlos?

Cada pedazo de esta tierra es sagrado para mi pueblo. Cada ramo brillante de un pino, cada puñado de arena de las playas, la penumbra en la floresta densa, cada amanecer, y el zumbido de cada insecto son sagrados en la memoria y en la experiencia de nuestro pueblo…

Somos parte de la tierra y ella es parte de nosotros. Las flores perfumadas son nuestras hermanas; el ciervo, el caballo, el gran águila, son nuestros hermanos. Los picos rocosos, los pantanos en las campiñas, el calor del cuerpo del potro, y el hombre –todos pertenecen a la misma familia…

El murmullo de las aguas es la voz de mis ancestros. Los ríos son nuestros hermanos, sacian  nuestra sed. Los ríos cargan nuestras canoas y alimentan a nuestros niños. Si les vendemos nuestra tierra, ustedes deben recordar y enseñar a sus hijos que los ríos son nuestros hermanos, y suyos también. Y, por tanto, ustedes deben dar a los ríos la bondad que dedicarían a cualquier hermano…

Nuestras costumbres son diferentes de las suyas. La visión de sus ciudades hiere los ojos del hombre rojo. Tal vez sea porque el hombre rojo es un salvaje y no comprenda.  No hay un lugar quieto en las ciudades del hombre blanco. Ningún lugar donde se pueda oír el crecimiento de las hojas en primavera o el batir de las alas de un insecto…

El aire es precioso para el hombre rojo, pues todas las cosas comparten el mismo soplo –el animal, el árbol, el hombre, todos comparten el mismo soplo. Parece que el hombre blanco no siente el aire que respira… ¿Qué es el hombre sin los animales? Si todos los animales se fuesen, el hombre moriría de una gran soledad de espíritu. Pues lo que ocurre con los animales, en breve acontecerá con el hombre. Hay una ligación en todo.

Ustedes deben enseñar a sus hijos que el suelo bajo sus  pies es la ceniza de nuestros abuelos. Para que respeten la tierra, digan a sus hijos que ella fue enriquecida con las vidas de nuestro pueblo. Enseñen a sus hijos lo que enseñamos a los nuestros, que la tierra es nuestra madre. Todo lo que le pase a la tierra, les pasará a los hijos de la tierra. Si los hombres escupen en el suelo, están escupiéndose a sí mismos… lo que ocurra con la tierra  recaerá sobre los hijos de la tierra. El hombre no tramó el tejido de la vida; él es simplemente uno de sus hilos. Todo lo que hiciera al tejido, se lo hará a sí mismo…”

 

Cumple su cometido un planteamiento cuando impele la reformulación de lo establecido, en cuanto lo establecido deviene de una mirada estrecha de los acontecimientos. Es una herramienta de la Verdad lo que impide encapsularla. Auxilia su actualización lo que no deja que se cristalicen las vías por las que se muestra.

 

Caídos en la rutina comparativa del conocimiento, o versados en la condenación mecánica que nunca posee argumentos plausibles, y entre tantos análisis y juicios abordados desde la mentalidad que tanto cultivamos en estos días, diluimos nuestra capacidad de observación silenciosa, libre,  y vacía del centralismo de las explicaciones.

 

Los conceptos, que son argumentos estancos, forman, cuando organizados, una estructura psicológica desde la cual se puede operar  intelectualmente. Las estructuras psicológicas permiten generar estipulaciones, pero en detrimento del significado –léase signo- más profundo de los hechos. En la ruptura de las estructuras psicológicas, se encuentra la clave de la liberación de los patrones de pensamiento conocidos.

 

El postulado esencial de la Enseñanza debe ser el autoconocimiento y no la medición rígida según un esquema racional.

La Vida Reverente es un estudio intimo, y multilateral. Y procura, primordialmente, servir como herramienta de la ampliación de la consciencia. Es un texto que aborda lo que existe oculto detrás de las fases de manifestación de una planta, que observa los símbolos intrínsecos que estas nos acercan y nos ofrece estímulos preciosos de reflexión y estudio.

 

La Vida Reverente intenta, en estas páginas, develarse a sí misma, por los intrincados caminos de la razón, como por las sendas simples de la contemplación. Por uno o por otro, aquella se hará conocida.  La intención de estos escritos, es, sin más, abrirle paso.

 

 

SEMILLA-SÍNTESIS

 

 

 

La semilla es algo misterioso aun, para la consciencia humana. Un fragmento material tan minúsculo y tan desconocido todavía, que hasta el momento, solo se han realizado conjeturas y aun permanece inextricable su valor. Si la ciencia humana realmente descubriera el potencial de una semilla, podría estar ante un voltaje energético inmenso, capaz de impulsar hasta incluso grandes maquinarias, como asegura Amhaj1.

Una semilla es un código de luz. Para desentrañar sus misterios, son necesarias llaves, a las cuales el actual estado evolutivo de la consciencia humana no permite acceder. Una semilla, en el plano concreto, y en relación al reino vegetal, es una síntesis energética de la Ley de Consubstanciación2.

Una semilla es una matriz ígnea donde los patrones arquetípicos están grabados y son resguardados por un campo magnético que otorgan sustancias inteligentemente asociadas.

Como es el pulso energético intermedio entre la última oleada de vida de un individuo vegetal y la primera oleada de vida de uno nuevo, en una semilla existe eso: un devenir entre corrientes de materialización. Y en cada semilla está presente esta información porque una energía suprafísica impregna al unísono a todas las simientes de un vegetal con este fuego, y graba en ellas esos códigos; por ello aquellas que no estuviesen lo suficientemente desarrolladas en términos sustanciales, serán infértiles, porque sus cuerpos no podrán contener el pulso de esos patrones. Por ello algunas simientes también deben ser sumamente resguardadas de las corrientes externas, para cuidar el delicado pulso contenido en su aura. 

En una semilla, pulsa una síntesis creadora. En ella están la raíz, el embrión y en muchos casos las primeras hojas ya formadas. Pues mientras aun se encontraba en la planta matriz, el nuevo individuo vegetal ya se estaba gestando; en realidad, cientos, miles o millones de nuevos vegetales creciendo dentro del mismo vegetal. Lo que en un determinado momento se interrumpe. La semilla cambia su patrón vibratorio. Esas hojas, esa raíz, ese embrión, se deshidratan y se endurecen, como si se petrificaran y permanecen en ese estado hasta que en contacto con las corrientes magnéticas del aire, del agua, y del fuego el proceso continúe, para darse en el ámbito donde sea más favorable. Es como si la vida en ella fuese “suspendida”. Pero la Vida no cesa; su pulso es otro únicamente.

 

            “Si vieseis una semilla internamente, tendríais la imagen de un hombre en recogimiento, con sus manos muñidas en su centro-corazón.

Si pudierais penetrar con mayor profundidad en la esencia de la forma, descubriríais una realidad que, generalmente, desde el pulso de la razón, negáis.

Una semilla no es un objeto. Es un proceso, porque fue engendrada para permanecer no más que un pequeño lapso temporal en el plano de los llamados objetos. Más tarde o más temprano debe morir para liberar la vida encapsulada en su interior. Y en esa liberación, la Vida renace nuevamente. Aquel es su camino; de ese modo comete aquel proceso que le cabe consumar. Los fuegos sutiles están encendidos, en espera silenciosa del mandato creador.

En realidad, no existe aquello que denomináis objeto, porque todo desenvuelve un proceso evolutivo; un “objeto” es solo una distinción lingüística, reflejo de la categorización obtusa de la inteligencia humana en la actualidad.

Una semilla-síntesis es, por tanto, sustancia-energía. Es vida-consciencia sostenida por un pulso-ley. Reconoced el lenguaje de la Creación”.

“Las simientes emiten un canto de redención, atrayendo hacia sí el pulso de la reconstitución material. En un planeta opacado por la esterilidad y la artificialidad, cada vez que una semilla evoca la Vida al expresarse, vitaliza el ámbito donde se encuentra. En ese sentido, la cura que transmite el Reino Vegetal, se inicia desde el mero despertar, irradiando las energías que pulsan en su interior por emerger”.

 

 Si pensamos por un momento que en una diminuta semilla existe el potencial energético para reproducir toda la especie por unos 12.000 años aproximadamente, tomaremos una noción real de su valor. Y comprenderemos además, en un delicadísimo símbolo ofrecido a los hombres, la significancia de la elevación de la consciencia de aquellos que, por su entrega y disponibilidad al Servicio, son simientes para la instalación de nuevos estamentos vibratorios en la humanidad.

Mayoritariamente, las semillas están consolidadas cuando los fuegos consumaron los procesos de síntesis adecuados. Esto ocurre por lo general, en fases. En las primeras, son claves energéticas las que deben ser ajustadas de acuerdo a los patrones arquetípicos del grupo. En las intermedias son compuestas las estructuras vibratorias de los óvulos. Finalmente, la esencia de ese trabajo se reduce a un movimiento centrípeto donde diversas corrientes son unificadas para después concentrarse y así formar un núcleo energético inmenso.

En la mayoría de las plantas con flores, las fases iniciales e intermedias acontecen previas a la propagación de las semillas. Dejándose, para instancias posteriores a la dispersión de aquellas, las fases finales de la acción ígnea. Este pulso, coincide con aquellos estados conocidos en botánica como “periodo de reposo” y “viabilidad”, que suceden una vez que las semillas están separadas de la planta.

 

“Las simientes os traen un inconfundible mensaje de reverencia por la Vida mayor que todo lo sustenta. Como potentes núcleos de vida latente, en silenciosa espera de regeneración, de transmutación, de cambio, aguardan impertérritas su nacimiento-muerte, su disolución-creativa. Y oran, oran incansablemente, para que la Energía que todo lo nutre en la existencia, se exprese, intermediándolas. Y así se evidencie por la forma la Vida; por la Vida la Esencia; y por la Esencia lo que ya no puede ser nominado”.

 

En aquel dinamismo en estado de latencia, las simientes emiten un sonido creador. Son sonidos-simientes. Es un cántico por la Existencia, que aun no aprendimos a oír. Preguntémonos por un momento ¿Cuántas semillas aguardan en este preciso instante, en todos los sectores de la vida planetaria, veladas por las hojas secas de los árboles, del mantillo de los bosques, bajo las arenas de los desiertos, debajo del hielo polar, o soterradas por el barro de los pantanos, el Llamado que las liberte? ¿Y cuantas, en el mismo preciso instante, rompen sus tegumentos con una fuerza que solo pocos hombres osados lograrían igualar, para cumplir su única obra, la Obra del Único?

Una simiente es un macrocosmos-microcosmos vivo. La Vida es plena donde puede expresarse, y las semillas son el más contundente símbolo de obediencia. Nada posen para ‘elegir’. Solo osa el cumplimiento de lo que les compete.

 

         “Ellas aguardan, fuera del tiempo-espacio, aquel inasible momento en el que emerger. Allí vosotros decís que aquellas se tornan viables; mas, su fertilidad responde a los ciclos de la Necesidad.

          Cuando dimitís de vuestras creencias, ideales, e interpretaciones, comprendéis los códigos que pertenecen al mundo de las realidades ardientes.  Las semillas están impregnadas de esas energías. Son mensajeras de ese reino supranatural. Os cabe igualarlas. Os cabe orar, y reverenciar lo que sois, en las capas profundas de vuestra consciencia.

          Vosotros, debéis tornaros viables. Y atraer lo que sois capaces de alcanzar. Lo más Alto nunca es lo inalcanzable. Aprended la lección que estos símbolos os dejan. Si no realizáis lo que os cabe en estos presurosos tiempos de transformación, os tornareis infértiles, y por vuestro intermedio ya no os podrá brotar la vida que llega. Una simiente se realiza en un sacrificio libertador. Proseguid, ese camino también esta signado para vosotros. Entregaros a la liberación por medio del desapego de lo que ya habéis reunido en si”.

 

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El Reino Dévico, solo esta insinuado para la consciencia humana. Todo lo que se puede decir sobre aquel son meras referencias de una vida invisible, imprescindible y fundamental en el cosmos. De su labor, la Vida requiere inmanentemente para abarcar la Existencia3.

En el lenguaje de la construcción y destrucción de las formas, los devas “utilizan” palabras que organizan las fuerzas; obran a través del poder del ritmo; son artífices del verbo. Esas palabras, como un llamado a la esencia vegetal del grupo al cual esa semilla pertenece como energía-síntesis, invocan la vida latente en los planos sutiles a tomar posesión de los moldes etéricos que ya están siendo construidos. Así se inicia el despertar. Así la vida resurge nuevamente. Si el Reino Dévico no tejiese con sus manos las condiciones para la vida, la manifestación de una simiente no ocurriría.

En ese despertar, las leyes vienen al encuentro de la Vida. La sustentan. Organizan su desenvolvimiento. Trazan los caminos para la Expansión. Auxilian el establecimiento de la forma. Son las vías de su disolución. Y conducen a la vida-sustancia-consciencia hacia nuevos estados, donde aquel acompañamiento nunca estará ausente.

En el despertar de una semilla se expresa la Ley de Retorno. Ese es el fuego-guía de su trayectoria. Lo que le impele por el camino de la Evolución.

La activación de los fuegos de construcción-transformación liberados por los intermediarios de la creación, la Jerarquía Dévica, predispone los campos materiales para que las simientes puedan acoger la Consubstanciación, impulso-ley rector del Reino Vegetal. Los arquetipos que les correspondan intentar materializar a aquellas, son recibidos en las partículas ya predispuestas para volver a consumar así un nuevo Ciclo. 

También la interacción de las fuerzas externas donde esos impulsos hacia la materialización se vierten, ejercen su influencia en este proceso.

 

“Reconocéis que la vida se manifiesta por lo que vuestros sentidos os muestran. Pero desconocéis que ocurre mas allá de los mecanismos que la razón os deja entrever. Simientes de un nuevo ciclo son aquellos que despiertan, como las semillas de vuestras plantas y árboles, que únicamente se donan para gloria del Propósito Creador. Aquellas no miden sus esfuerzos; desconocen el temor de la disolución-renacimiento, al que vosotros llamáis muerte, que separáis de la vida con la obtusidad de primates.

Sabéis de esto. Ya os fue dicho. Muchos de vosotros fuisteis ayudados para ensayar aproximaciones pioneras con los reinos. Os cabe hoy, aproximaros al mundo interno que aquellos señalan con sus símbolos, pues la Vida Consagrada, a través de formas consagradas, atrae la vida hacia la Consagración.

Vuestras simientes hoy despiertan de su reposo, latentes de una evolución sin retrocesos, porque vosotros no despertáis. Os impelen a seguir el camino de los convocados al cumplimiento de la Ley.

Si os sacrificarais como estas, Nuestra obra seria también la vuestra. Más no entendáis sacrificio como esfuerzo. No os confundáis, no es esfuerzo lo que os pedimos, sino la entrega de vuestros actos, de vuestras decisiones, de vuestro orgullo separatista.

Orad la redención de la vida planetaria, que os atraeréis. Despertaos a la luz que el Guardián de la transmutación de vuestras células os acerca; vuestros hermanos menores os cuentan, sigilosamente, esta historia de transformación.

Aprended, como dijera vuestro Instructor, del mensaje de los reinos. Las leyes están grabadas en todo lo vivo, no en la mortandad de los jeroglifos que usáis. Los pulsos del Amor señalan la cohesión de los Mundos. Uníos, en consagración y silencio, es preciso que lo Nuevo pueda germinar”.

 

            Es necesario descubrir que las semillas no inician la germinación únicamente porque incidan sobre ellas agua, luz y calor. O porque un hombre las arroje sobre la tierra y las humedezca; estas germinan porque su camino es ese, inconfundiblemente. Del mismo modo que los frutos emergen de las flores, las semillas emergen de los frutos, una imagen de la Consubstanciación emerge en cada una de las simientes que se construye en las plantas.

Las semillas son como corpúsculos de la entrega que la Vida vegetal experimenta en su ciclo de consubstanciación. El devenir es, para aquellas, como el sagrado nutrimento al cual se aferran. Fieles al propósito que las manifiesta, son instrumentos del renacimiento de la Consciencia en el ritmo de la evolución.

 

“Las simientes reverencian la Tierra. Se curvan ante ese manto protector que las acoge. Se liberan en las manos de ese campo de energías. Son recibidas en el amor de la Madre.

La Reverencia, es un clamor de interdependencia”.

 

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            Algunas semillas germinan de forma epigea4 y otras, de forma hipogea5 porque unas están relacionadas más con las fuerzas telúricas y otras, con las fuerzas solares. Existen semillas que requieren más de los aglomerados de fuerzas de la tierra; por ello los cotiledones se mantienen bajo tierra emitiendo un brote hacia fuera que, tarde o temprano, -impulsado por el vigor que el núcleo germinativo está incorporando debajo de la superficie- hará despuntar las primeras hojas. Otras, encuentran un desenvolvimiento más afín a las fuerzas provenientes del Sol; esa es la razón por la que aquellas desarrollan un germen que es expulsado fuera del elemento terrestre para tomar contacto lo más antes posible con la luz externa; así es que las hojas de los cotiledones surgen con otra impronta.

            Por ello no es apropiado en las germinaciones epigeas retirar anticipadamente la cobertura mas externa de las semillas ya brotadas. Pues ésta ofrece una coraza etérica que protege a los cotiledones del impacto exterior por el tiempo apropiado. Cuando esta cobertura se desprende por completo de forma espontánea, las incipientes hojas ya están listas para asomar ante las variables del contacto con las interacciones externas.

 

            Durante la germinación epigea, donde los cotiledones emergen hacia la superficie, gran parte de la concentración energético-nutritiva, se almacena en las raíces y depende mayoritariamente del nutrimento del suelo -en términos de equilibrio mineral y vibratorio- para un desarrollo armónico. Esto no excluye que el almacenamiento proteico de los cotiledones provea, en el proceso, un importante sustento. Y en el caso de una germinación hipogea, donde la albúmina permanece debajo de la superficie desde donde emergen radículas y hojas, el desarrollo es otro. La energía concentrada en ellos es la que abastece ese mecanismo alimenticio.

 

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En el libro “El Llamado de los Árboles” de Dorothy Mclean, leemos: Así como de la simiente crece un árbol, también de una idea-simiente, emerge un patrón de fuerza llegado del Centro. Ese patrón es pasado adelante por silenciosas filas de ángeles; silenciosas y quietas porque tal idea todavía esta por demás informe e incierta y solo puede ser preservada con cuidado meticuloso. La idea desciende y surge, crece en fuerza y tamaño, su patrón se torna más brillante hasta que finalmente centellea y resuena, todavía bajo los cuidados del ángel mas elevado. Su campo de fuerza es firme y resplandeciente. Entonces el patrón es pasado a los constructores de la forma, los elementos. Ellos vienen, se donan a si mismos y lo visten.

El patrón esta en todas partes, perceptible en los éteres, mantenido por los ángeles. Es manifestado oportunamente, más allá del tiempo, por la energía de los elementos y con el auxilio de los seres elementales y por fin aparece en el tiempo y en el espacio, en la belleza de una flor y en la suculencia de la fruta. Ese es el Verbo que se hizo carne…

            En el mismo libro, también leemos: ¿Cual es el milagro que la naturaleza opera para promover la transformación  de una minúscula semilla en árbol y el crecimiento de un animal o de un humano? Al sintonizar con nuestro mundo, las cualidades que sobresalen son las positivas: alegría, leveza, adaptabilidad, dedicación. En verdad, son ellas la energía o el alimento usado en el crecimiento de las células”.

 

            En estas palabras, vemos que el mundo natural, pulsa en un ritmo de interdependencia incesante. Que la Vida no es autónoma. Que la Consciencia “Es”, sin distincion de estados vibratorios.

 

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Las semillas responden a códigos energéticos específicos, y por ello los fuegos latentes despiertan. Estos códigos energéticos pueden entenderse como combinaciones precisas de fuerzas, energías y leyes. El calor, el frío, los minerales, la incidencia de los elementos, las corrientes magnéticas, el acompañamiento de la Jerarquía Dévica, son notas de la armonía de ese código que, reunidas en una matemática perfecta, permiten que la chispa de vida en las semillas se encienda y pueda desarrollar su potencial interno.

Algunas semillas necesitan de frío para romper su latencia y germinar, como otras de temperatura tórrida, porque las condiciones atmosféricas son, para cada núcleo germinal, como las suaves voces que anuncian el despertar. Que representan códigos energéticos, que reverberan en el ritmo interno de aquellas semillas, desatando procesos físicos, químicos y alquímicos que redundaran finalmente en su germinación. Estas condiciones son armónicos del ritmo interior de estas semillas. Y por ello activan, como una llave maestra, el fuego latente en estas, que paulatinamente favorecerá la liberación de las energías inmanentes a la vida que en ellas late.

            Y aunque las semillas pueden brotar sin el acompañamiento de estas condiciones en los ámbitos naturales propicios, al concluirse el periodo de germinación e iniciarse el de crecimiento –que está determinado a darse cuando las hojas verdaderas emergen- aquellos códigos serán indispensables; en un punto tal que su ausencia interrumpiría el proceso vegetativo. Los invernaderos hoy en día, en un caso, ofrecen aquellas condiciones de forma artificial; las modificaciones genéticas, en el otro, rompen –para prescindir de las mismas- con las correspondencias energéticas que facilitan esos procesos. Realizadas, como ya sabemos, por afanosos escrúpulos egoístas.

 

“¿Cuándo germinará lo que ya hemos depositado en vosotros? Despertar es urgente, mas no es lo único que os corresponde. Pues contáis también con la fuerza que se os propicia para el nacimiento del Nuevo Hombre-Luz.

Romped el tegumento que creasteis. Ya el Agua de Vida se os ha otorgado. Recibisteis el Fuego Creador; y el suelo os acoge respondiendo al mandato de la Sustentación Universal; la Luz, pulsa en vuestro mundo interior, aquello no lo desconocéis. Debéis germinar. La Confraternidad que conformamos aguarda ser vivenciada. Expresad vosotros esa inmaculada esencia de la Existencia. Os cabe, porque ya sois semillas”.

 

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 Así como el reino humano recibe, durante el desenvolvimiento de su evolución cuando cíclicamente es necesario, una nueva estructura genética cada vez que un patrón de consciencia se amplia, el reino vegetal, como el animal, son, grupo por grupo, cuidadosamente acompañados por Jerarquías rectoras que guían sus pasos en cada orbe.

            Existen en el reino vegetal, distintos tipos de códigos energéticos, genotípicos, que dan características evolutivas únicas a cada especie.

            Las semillas, síntesis energética de un grupo vegetal, son archivos de vida, donde informaciones arquetípicas son almacenadas y potencialmente expresadas.

En sus experimentos, los hombres intentan acelerar el ciclo germinal de las simientes, desconociendo que la Energía irrumpe desde el seno de la materia, la sustancia-vida, cuando ella, posee un estado afín a la vibración que gesta en el interior de aquellas simientes. En otras palabras, es resonancia-sintonía. Como una afinación musical, las simientes despiertan cuando la tierra expresa las condiciones adecuadas para ello; es un tono-respuesta al llamado que realiza la vida. Y así, polos de un proceso creativo, desenvuelven el camino de la existencia sublimemente. La tierra acoge las semillas. Las semillas se infunden en la tierra. Pero a su vez, reciben la Vida que les corresponde plasmar. En ese sistema de interacciones, las semillas despiertan.

 

 “Germinar es un movimiento expansivo poco estudiado por vuestros intelectuales. Cuando negáis a vuestras plantas la germinación, negáis la transformación del fuego en patrones sustanciales; interrumpís la construcción de un proceso que os afecta inclusive, pues en el imprescindible flujo de energías que los reinos intercambian, todo lo que un reino realiza, estimula un movimiento análogo, y superlativo, en los reinos subsiguientes”.

 

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            El tegumento6 de algunas semillas es el movimiento de respuesta evolutiva que algunos grupos ofrecieron en épocas remotísimas donde el fuerte impacto de las condiciones exteriores imposibilitaba que estos conservasen sus características sutiles sin ver interrumpido su proceso. Hoy, aunque las condiciones de muchos vegetales son elevadas, sabemos que están no obstante rustificados en términos energéticos, debido a la densificación en la cual el planeta fue penetrando paulatinamente. En la actualidad, muchos vegetales están recibiendo transformaciones genéticas en este proceso de sutilización que los niveles materiales experimentan, que conducirán su esencia a expresiones de vida mas sutiles, que espejen condiciones más próximas a su origen, en fases futuras. Vale aclarar, que  ninguna concordancia guarda este tipo de variaciones genéticas, auspiciada y conducida por Jerarquías que actúan en el conocimiento

profundo de los destinos cósmicos que a las partículas aguardan, con las modificaciones que individuos ambiciosos, hoy operan sobre la génesis vegetal con fines únicamente egoístas y enfermizos, desconectados de principios elevados.

  

El “encapsulamiento” es para esas simientes, además, una forma de conseguir que el equilibrio necesario para la formación del embrión no sufra alteraciones que le impedirán desarrollarse con integridad. Robustecido por el resguardo físico-etérico, en cada caso con características únicas, el núcleo germinativo aguarda, auxiliado de esta forma, el momento más adecuado para su manifestación. El impacto mas tosco de los elementos lo recibe aquella coraza, entretanto aquel sutil conjunto de cotiledones, radícula y esencia incipiente, solo toman contacto con otro tipo de condiciones, asistido ello por otra corriente energética que tiene lugar cuando la testa se abre, permitiendo que un flujo de energía circule.

 

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“En vuestras simientes esta la respuesta. El sendero de la maduración interna es continuamente un ofrecimiento-respuesta. La entrega es el poderoso consentimiento de unión con la Vida Mayor que os reúne en la incondicionalidad del Amor. Cada una de las semillas que vosotros depositáis en la Tierra, os deja, en patrones sutiles, las vías del Retorno develadas. Obran en la simplicidad de la obediencia a lo que las impulsa. Vosotros, os acorraláis en razonamientos que os impiden la liberación.”

 

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En Agricultura se realiza un procedimiento que es denominado rustificación, cuando una hortaliza, arbusto o árbol es trasplantado a un terreno o región no propicios para aquel pero que, si una vez transcurrido un periodo de posible supervivencia existe prosperidad, las simientes del mismo guardaran la información de la experiencia de la planta-madre. Después de muchos intentos, algunos especímenes consiguen responder efectivamente y terminan adaptándose completamente a las nuevas condiciones. Así se obtienen semillas rustificadas. Este proceso también ocurre espontáneamente, de modo general debido a la labor de las aves, que trasladan las semillas a veces largas distancias de su medio original.

            El periodo de reposo de las semillas, o la viabilidad de las mismas, se puede ver alterado por la rustificación debido a que nuevos ritmos, nuevas corrientes, nuevas coyunturas deben ser procesadas. Se necesitan por lo menos algunas generaciones para que las estructuras sutiles de esos individuos puedan responder favorablemente –por un robustecimiento energético- a los medios presentes. Esa labor, auxiliada por energías dévicas, es sobremanera importante cuando son requeridos en determinados sectores de la vida planetaria, especímenes vegetales que por sus vibraciones se vuelven sumamente necesarios en ámbitos donde la contaminación psíquica es grande; allí estos vegetales colaboran en procesos de transmutación de condensados de fuerza, bajo Ley de Sacrificio7.

            También estas translaciones acontecen cuando esos individuos son necesitados como alimento en los reinos animal o humano donde existen carencias que aquellos podrían suplir. En todos los casos es una preparación para el alma-grupo que así delinea nuevas coyunturas de manifestación.

            Después de las sucesivas generaciones de rustificación, las semillas presentan características diferentes amén de que sus particularidades orgánicas sean las mismas. Su periodo de reposo como su viabilidad, y su necesidad de que preponderen los elementos en medidas renovadas, son diferentes. Poseen otro grado de respuesta a condiciones electromagnéticas; se vuelen más frágiles en sus coyunturas germinativas, o más toscas, según sea el caso. La semilla así, puede requerir más agua, menos agua; mas luz, menos luz; mas o menos nitrógeno; mas o menos carbono, etc.; dependiendo el ámbito donde la rustificación tuvo lugar, en contrapunto al espectro que originalmente le era favorable para su existencia.

 

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            “Vosotros alterasteis los códigos que la Luz construyese en la Inmensidad de los Ciclos. Jugasteis. Y sois responsables directos. Lo que hoy llamáis un castigo de la naturaleza es simplemente un corolario de vuestra desviación.

Carecéis de recursos para recomponer los perjurios que habéis ocasionado pues propagasteis vuestra indiferencia en caudales mayores que los venenos que utilizáis. Porque destruisteis los lazos con lo Verdadero cuando os amarrasteis a falsos conceptos. Vuestros monocultivos por ejemplo, solo os recuerdan el opacamiento de vuestra inteligencia”.

 

Corrompidos por el uso de artificialismos sumamente tóxicos como el glifosato, el glufosinato, y la sulfonilurea8, hemos envenenado mucho más que los campos destinados a las siembras. La anteposición de beneficios individualistas y caprichosos sobre las principales bases del equilibrio natural es una intoxicación mucho más severa para el curso de la evolución de este planeta que lo que pensamos. Hemos llevado a los patrones naturales una desconfiguración como nunca conocimos. Pensemos por un momento en las simientes modificadas genéticamente para producir rindes desnaturalizados por la ambición desmedida. O en los árboles genéticamente alterados para producir más papel en menos tiempo y así incrementar los beneficios de emporios fabriles que elaboraran elementos que se transformaran en basura en el cabo de unos meses, con la mayor de las suertes. O en los ríos silenciados por represas pétreas que parecieran recordarnos la paraplejía de nuestra psiquis donde es retenido lo que fluye, donde el mas preciado de los atributos de la Energía, su devenir incesante, es cautivado.

 

En su Decálogo de los Tiempos Futuros”, Yaco Albala dice: “La reconciliación de la humanidad con las Fuerzas de la Naturaleza, es el acontecimiento mas significativo en el comienzo de la nueva Historia de la Humanidad. La reflexión obtenida mediante la reconciliación con las Fuerzas de la Naturaleza habrá de ser la clave inequívoca para el tratamiento de los grandes problemas mundiales.

Los desastres naturales son desgravaciones que acontecen tanto en la atmosfera psíquica como en el código telúrico del planeta y su comprensión traerá consigo la necesaria claridad que servirá de base a la Organización del Nuevo Mundo”

 

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Los vegetales pueden estar respondiendo a las fuerzas naturales, pero dislocados de los genuinos ciclos internos que, en intersección con aquellas, impulsan el desenvolvimiento de las diferentes etapas por las que transcurre la vida vegetal en el planeta; a saber, despertar, germinación, maduración, florecimiento, recogimiento, fructificación, potencialización, inseminación. Entonces, impulsados más por una respuesta mecánica a condiciones externas que por una respuesta a los ciclos de exteriorización emanados desde el alma-grupo, algunos vegetales pueden desarrollarse desfasados de las convergencias energéticas propicias destinadas a ellos internamente. El profundo desequilibrio ocasionado por la humanidad sobre el planeta, alterando la modulación arquetipica del clima, como la precisa circulación de fuerzas telúricas con la extracción ambiciosa de minerales, la destrucción de bosques que al ser devastados importantes campos magnéticos desaparecen, la contaminación del oxigeno disponible y del agua con crudos químicos de alta toxicidad, sumado a las manipulaciones genéticas de innúmeras especies vegetales como el extremo estado del psiquismo humano presente en los estratos sutiles del planeta, han inducido dislocaciones energéticas como estas. Así, por ejemplo, el florecimiento en algunos frutales se da por adelantado, debido a cambios climáticos imprevistos cuando algunas ondas de calor inesperadas les llegan y estos florecen inmediatamente. Pero como a seguir, la regularidad climática muda nuevamente -sea por heladas, vientos o lluvia- prácticamente ninguno de esos núcleos florales prospera. Y aquel vegetal, deberá convocar fuerzas otra vez en un ciclo subsiguiente, cuando las condiciones sean las propicias, lo que no siempre sucede. Algunos árboles por ejemplo, solo fructifican una vez al año. Si las flores perecen, su fructificación no es posible. Sin fructificación, el desenvolvimiento anual se pierde.

            Se podría decir que, en términos dévicos, debe existir continuamente una recomposición y ajuste de los mecanismos energéticos en este lineamiento. Grande es el amor proferido por estas consciencias hacia todos los reinos, en el perpetuo auxilio de la Vida Creadora.

En el libro “Comunicación con Ángeles y Devas”, de Dorothy MacLean, leemos: “Suceda lo que suceda, mantenemos el patrón arquetípico inalterado. Si es necesaria alguna alteración, la mantenemos como parte de ese patrón”.

Dorothy MacLean, afirma que los devas no se desvían nunca de su curso por ningún pensamiento, sentimiento o acción momentáneos. Que no poseen libre albedrío y están conectados con los registros atemporales conociendo las líneas generales de los procesos evolutivos. Que su forma cambia mientras se mueven, participando de las cualidades de los reinos que transitan. Que trabajan con mantras, en movimiento. Que están abandonados al momento presente y en unidad con las energías de ese instante. Sabemos que en la manifestación de los universos, el proceso de aglutinación-cohesión de partículas, de organización, de condensación y de materialización son diferentes dinámicas de las leyes creadoras con las cuales este reino realiza su obra. Y que impulsan la sustancia al Origen, volviéndola reflejo cada vez más fiel del arquetipo rector. Entretanto sustentan procesos de purificación, de transmutación, de transfiguración, de transustanciación, entre otros. Hasta incluso el magnetismo recibe su respaldo incesante y conductor. No obstante, el reino humano debe realizar su parte también.

 

“Cuando os volvéis humildes colaboradores del Plan, sustentáis aquello que olvidasteis: la cooperación trae abundancia; el servicio, unificación. Por el amor son elevados los Reinos y se cumple el Propósito Único.

Penetrad la luz. Amad lo Inmaculado. Sostened el patrón de la Evolución vivo en vuestra consciencia. Irradiad eso a las simientes con las que contéis. Aunque las aguas estén estancas y contaminadas, o los suelos desvitalizados y estériles, las simientes brotan desde la incorruptibilidad de la esencia. Recordad esto en los momentos de decadencia.

Las carencias materiales cada vez son mas acentuadas. El desequilibrio psíquico se torna cada vez más agudo. La indiferencia generalizada ante la obnubilación creciente, es un símbolo de la brecha que la humanidad guarda con su vida interna. Es en estos tiempos de emergencia donde los genuinos servidores son llamados a despertar; a estos no se les reclamara tributo ninguno; únicamente asumir la labor, y permitir, por sus actos, que la sagrada energía de los mundos internos, eleve el mundo de los hombres”.

 

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            Existe un patrón electromagnético general a todos los grupos. Todos los vegetales -con excepciones- más o menos liberan un igual potencial germinativo, traducible en un número de simientes no equitativo en lo cuantitativo pero si en el campo de la diversidad. Ese número, aunque sea dispar, guarda un emparentamiento energético, esencialmente. Puesto que el reino en su conjunto, es impulsado por Vidas Mayores a poder expresar ese patrón electromagnético que representa la síntesis evolutiva a ser consumada por la gran vida-vegetal en todo el planeta. El estimulo que conduce a que, cada grupo pueda adecuarse a ese pulso y espejarlo, imprime en cada familia, características únicas. No obstante, el impulso que los rige a todos es indivisible. Así, tenemos vegetales que pueden liberar miles de semillas y otros solo algunas decenas. Mas, compensado por la variabilidad de fructificación, la vida promedio de consubstanciación, la fertilidad seminal (no todas las semillas germinan), las alteraciones de los medios receptores de los núcleos germinales y otros factores desconocidos durante la existencia de un vegetal, son los flujos de un patrón de multiplicación igualitario. Amén, de la desigualdad cuantitativa.

                        La capacidad de respuesta de un alma-grupo a impulsos provenientes de Entidades rectoras emisoras de aquel patrón electromagnético, manifestara resultados diferentes; en las apariencias, algunos frutales pueden ofrecer algunos centenares de frutos con al menos una decena de semillas por cada uno mientras, las umbelas de algunas raíces comestibles generar varias veces este número en un mismo individuo. La similitud no esta en el numero, sino en el voltaje energético, en el potencial inmerso.

            Aquel potencial energético, reproductivo, es un impulso que recibe toda la planta y envuelve todas las flores de aquel vegetal. Es único, indiviso, integral. Solo mas tarde, cuando las simientes se desarrollan completamente, ese potencial sutil se diversifica, instalándose en cada una de las membranas etéricas que sostienen a las semillas. Ese potencial, es el mismo para todo el Reino; cada grupo, de acuerdo a sus características, lo recibe, procesa y transfiere en impulsos materiales –químicos, físicos, sutiles- propios a cada coyuntura, desempeño y experiencia “individuales”.

 

            Los algoritmos pueden ser disímiles a la razón, mas son el resultado en los niveles internos, de una mecánica oculta, perfecta, irreproducible en laboratorios. Donde, como sabemos, hoy son manufacturados frutos sin simientes, resultado de un distanciamiento de las leyes internas con graves consecuencias kármicas para la humanidad.

 

           Matemáticamente, un “individuo” vegetal pude reproducir, por su cantidad de semillas, todo un “grupo” vegetal, y cuando observamos las posibilidades de la re-generación, estamos ante la constatación de que en un individuo vegetal pulsa toda una especie.

 

           “Cuando vuestro Instructor os decía “creced y multiplicaros”, develaba el camino que debíais seguir para tornaros fértiles.

           Aquella fertilidad, representa un estado de receptividad, de permeabilidad, de entrega. Solo os descubrís fértiles, cuando podéis sostener fielmente una respuesta al Llamado de la Vida Mayor que os congrega.

          Cuando estáis preparados para recibir la Luz Interna, esta os expande. Cuando habiéndoos expandido, os hacéis liberadores de su caudal, la materia es renovada. Su vibración muda, como mudáis vosotros en relación al himno que en el cosmos, se clama en cooperación.

            Vosotros no debéis confundir servicio espiritual con acciones externas. Estas, son la encarnación del servicio, alma de esos actos.

           Cuando vuestros actos son impulsados por energías que superan el ámbito de vuestra personalidad, llega hacia las situaciones materiales, el aroma de una existencia sublime. Así la vida se transforma; recibe un impulso que la conduce hacia la Fuente de la cual proviene. Eso es imperecedero; se graba en la memoria de las células.

           Entregadas al sino que las convoca, las simientes brotan. Son fértiles porque se ofrecen para la fecundación. Nacen, porque se entregan a la disolución. Crecen, porque aceptan. Y pueden multiplicarse, porque no cejan, indeteniblemente donadas.

          La fertilidad de vuestros suelos, se ha perdido, porque os opacasteis, os tornasteis rígidos, e insensibles a los impulsos de lo Alto.

         Permitid ser fecundados por la Luz, y vuestros campos os harán fértiles. Descubriréis así la Unidad de la Energía.

No busquéis, entre muchas tierras, la tierra ideal, pues os asentareis sobre ideales que nunca alcanzareis, inmaduramente. Toda la tierra es apta. Todo suelo debe recibir de vosotros un acto de cura que restituya su patrón original. Aquella es vuestra colaboración olvidada. En todos los ámbitos. No ambicionéis en la distancia cuando debajo de vuestros pies se aguarda el auxilio que os corresponde brindar.

 No busquéis condiciones ideales, ni realicéis una idealización de las condiciones. Todos los terrenos son aptos para la recuperación de sus condiciones originales. Más, primeramente deberéis colocar las simientes de vuestra consciencia transformada.

Pues una tierra desértica  no se recompone con tierra desértica; la nutrición de un suelo, depende de vuestra fertilidad.

Sois indivisibles; aprended un día esa lección”.

 

 

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En una oportunidad, observando pacientemente el número de semillas de un arbusto, conté treinta mil semillas, o treinta mil plantas, en otras palabras. La reproducción de cada uno de los individuos de este grupo, establece un grupo mucho mayor. Esto ocurre porque la energía del alma-grupo late en la vida de cada uno de sus componentes aparentemente aislados. En una abstracción mayor, no son treinta mil semillas aisladas, sino que es una única semilla, con treinta mil partes diferentes.

  El impulso de vida en el reino vegetal no responde a mecanismos cuantitativos; expresa una oleada de vida indivisible que, aunque aparentemente aislada en el plano de las formas, no escapa su realidad más esencial a la mirada atenta de quien pueda prescindir de conceptos e interpretaciones analíticas.

Las únicas veces que los hombres podemos estar ante la energía de una entidad-grupo y reconocer –en parte aunque inconscientemente- la dimensión de esa vida, es cuando contemplamos una floresta desde la distancia, un bosque, una colina arbolada. Allí se percibe un sentido de unidad, de cohesión, de interpenetración energética, más allá de que el raciocinio pueda argüir que son muchos árboles, o muchos arbustos. No obstante, en una observación más profunda podemos contemplar a toda esa especie en todos los ámbitos del planeta, sin divisiones.

 

“Sois cuantitativos porque sois racionales. La vida anímica expresa cualidad. Una cualidad, es una imagen de la perfección, adaptada a un ciclo de desenvolvimiento. Una cualidad puede ser expresada por una flor, o por miles. Por un árbol, o por amplísimos bosques. No depende de cantidades.

La perfección es la plenitud del arquetipo de la Existencia. Cada vez que espejáis correctamente vuestro pulso interior os tornáis perfectos en las medidas de las correspondencias.

Uno de los caminos del Reino Vegetal es el de manifestar cualidades. Cuando podáis comprender esto, dejareis de insistir en vuestras interpretaciones numéricas. Anónimamente, muchísimas plantas, realizan su parte en la Obra ¿Lo percibís?

                  Reverenciad lo que os une; uníos a lo que reverenciáis. Encontrad las claves de la Unidad, en la multiplicidad de formas. Derrumbad las limitaciones del intelecto lineal, que solo os permite ver un suceso a la vez.

La vida vegetal, reverencia la Luz como la Luz reverencia su Fuente. Reverencia es unificación en el amor. Entonad ese cántico de salvación.

Las simientes del futuro ciclo no responderán como hoy, más a los ritmos externos que a los internos. Las condiciones extrínsecas en el planeta  serán comunes a todos los ámbitos donde la vida prolifere y poseerán una estabilidad desconocida en estos días. Serán los fuegos internos entonces, y no los externos los que preponderaran. Los reinos, serán convidados a evolucionar, en el mutuo auxilio consciente.

Las semillas de los nuevos tiempos serán espejos de otra fertilidad, que aun no sospecháis siquiera. Y hoy, en el preámbulo que estos tiempos significan para el orbe, os preguntamos ¿Sois tierra  fértil del amanecer que la Vida del Padre-Madre rector, impulsa en cada uno de vosotros?

 

Despertar a vuestro rol de compensadores ¿Cómo recompondréis las simientes desvirtuadas por vuestras ambiciones? ¿Cómo os alineareis nuevamente a la luz de aquel Faro con el que os conducíais más que hoy renegasteis por atender los llamados de vuestros intereses aislados?

Para que el planeta pueda ser renovado, primero debéis renovaros vosotros. El Retorno- Expansión se inicia en la consciencia.

Estáis impidiendo que las semillas sean fértiles. ¿Os dais cuenta de la ligadura  que existe con el impedimento que ponéis a la expresión de vuestro interior? Estáis limitando que la energía de la diversidad –profundamente curativa- este presente en este plano. Por eso os tornáis cada vez mas estrechos en vuestro pensamientos”.

 

 

 

       

 

VIDA-CONSCIENCIA

 

 

 

 

Una flor, es un acto de gloria del ser vegetal al Único; es la expresión de entrega más excelsa del vegetal. Es el amor por el Innombrable, expresado en obras, y no es ésta una aseveración meramente metafórica. Las flores son botones de caridad de energía ofertadas a la vida universal; curan, con su irradiación; elevan con sus colores; imantan hacia lo Alto con su inaudible cántico de Glorificación. Las flores vibran esa realidad.

En otras palabras, las flores son una conjunción energética inusitada, que el reino vegetal logra materializar. Técnicamente hablando, en aquella expresión de consciencia definida como flor, convergen Amor, Armonía y Devoción; tres energías cósmicas.

El reino vegetal es, en la escalada de los reinos sobre esta Tierra, el único reino que puede canalizar esos tres Rayos tan magníficamente cohesionados, constituyendo un pulso de luz inconfundible, aunque sin perder por ello sus cualidades particulares.

Una flor es entonces, Amor por lo Creado, Armonía hacia la Creación, Devoción por la Vida Creadora. Una flor es un acto de pasión por la Existencia, que la Vida Vegetal, en los niveles profundos de la Realidad, emite. Los diferentes grupos vegetales en los planos materiales pueden representar ello más o menos perfectamente, dependiendo mucho de las condiciones planetarias, hoy extremadamente comprometidas por diferentes situaciones.

Si una flor representa eso en el mundo formal, cabria realizarse una pregunta ¿Cómo son las flores en los mundos sutiles? A través de las flores, el reino vegetal, canaliza arquetipos sublimes cuya irradiación implica la elevación de la vida material. Son ocultamente, una herramienta de cura del Logos. En ellas está presente la mano salvadora que tiende la Jerarquía por la redención de los reinos y primordialmente sobre la humanidad.

Así, como el reino humano, dentro de la vida planetaria representa la autoconsciencia, el reino vegetal, mediante las flores, representa, para la vida planetaria, la belleza, inseparable de la armonía, indistinguible del amor. La belleza es un arquetipo cósmico poco comprendido aún. Generalmente se relaciona este término con asociaciones culturales toscas, la mayoría de las veces desvirtuadas. Belleza suele ser sinónimo de lindo, agradable a los ojos, como lo definen los diccionarios. Para quien vive aun cautivo de las apariencias formales, y aun requiere de los sentidos para comunicarse con la existencia, esa es su concepción posible. Para quien está más allá de las formas transitorias, disponible a la interacción con lo sublime y en busca de lo inusitado, la belleza posee otras definiciones; es lo que agrada al corazón, o en otros términos, es lo que resuena en consonancia con el pulso interior. Y para quien la interacción con la existencia es mucho mas profunda aun, la belleza es el molde de la vida de la creación, es la serena expresión de los arquetipos en los planos de la manifestación de la energía. La belleza puede ser “contenida” por una flor, como por un amanecer, como por un acto abnegado, como por una palabra inspirada, como por un silencioso instante de oración, como por un impulso de elevación transferido por el Regente conduciendo a las monadas hacia el Camino de Retorno; la acción de las Jerarquías es una expresión de Belleza, porque está en concordancia con el pulso creador. 

 Hay especimenes en el reino vegetal que pueden dimanar esto apenas instantes, dado que sus expresiones florales poseen una existencia corta, desde el punto de vista cronológico, pero no menos importante que otras, que permanecen “encarnadas” por ciclos mayores. Y se tienen noticias también de flores que se expresan durante todo un ciclo estacional como es el caso del Abutillon. Lo más importante no es el tiempo ni la forma, sino lo que hay por detrás de lo descriptible a los sentidos. Richard Bach intuyó esto, y asistido internamente, realizó un amplio servicio al reunir parte de ese valor interior de las flores en preparados simples y profundamente transformadores. Los hidratos solares, confeccionados internamente por José María Campos (Clemente) en el seno de un trabajo grupal en el Brasil complementan ampliamente ese trabajo.

Rudolf Steiner afirmaba que las fuerzas espirituales que contiene el Sol están siendo continuamente atraídas hacia la tierra mediante los cuerpos astrales que bañan una flor en su intensa aspiración por la luz, transmitiendo esas energías hacia la vida material.

Según la botánica, una flor es bella debido a un mecanismo natural de proliferación, puesto que la armonía de colores, de perfumes, y de sabores que posee el néctar, atrae a los insectos que seducidos por aquellos, terminan polinizando las flores. Más, la atracción magnética que ejercen las flores, no está destinada solamente a los insectos. El sentirse irrevocablemente magnetizado a contemplar una flor, está también implícito en su ofrecimiento al reino humano, y puede constatarse porque aquellas señalan un mundo elevado, fiel reflejo de la divinidad interior.

La aspiración por la luz de las flores, no es solo un proceso orgánico. En ese acto, por irradiación, toda la vida que las circunda es convidada a ese gesto de Belleza. Mas, como todo genuino acto de elevación y entrega dejan una honda huella sobre la existencia, los individuos vegetales, después de florecer, fructifican, que es una expresión de plenitud, y allí, son ofrendadas simientes para que este proceso -de cura y reverencia- asumido por este reino pueda